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Los orígenes del Mercosur se remontan a los años 90 y desde entonces en sucesivas etapas el proceso de integración ha ido profundizando su estructura, sus objetivos y sus conquistas. Desde entonces la conformación del Bloque [1] ha permitido seguir sumando socios de la región como una plataforma estratégica de proyección hacia la propia región y desde el Cono Sur al mundo.

En el contexto actual el MERCOSUR tiene objetivos diferentes a los inicialmente planteados. Los primeros años se desarrollaron bajo una concepción de la integración regional que ponderaba casi exclusivamente los factores e indicadores de crecimiento económico-comercial. Así se desarrolló en la primera década un Mercosur “mercantilizado” hasta que finalmente la crisis del fin del milenio provocó la disminución de relaciones comerciales intra-regionales, desvaneciendo las perspectivas de crecimiento y aumentando los niveles de pobreza y desempleo. El MERCOSUR fue dejando atrás aquella concepción centrada exclusivamente en el mercado y acotada a los asuntos aduaneros, arancelarios y comerciales, para ir incorporando otras facetas de la integración regional, repensando su espacio territorial con una mirada de carácter continental.

En los primeros años del presente siglo los diversos gobiernos del Bloque iniciaron procesos de transformación a partir de visiones progresistas a nivel nacional y estos se proyectaron gradualmente al contexto regional. A partir de ese momento el contexto de la integración se transformó y comenzó a profundizar la idea de un proyecto estratégico y de carácter integral, para dar lugar a la dimensión social. La convergencia de varios objetivos sociales en el espacio común no se generó de forma instantánea, ya que la iniciativa del MERCOSUR excluía inicialmente de su agenda las dimensiones social, cultural, política, productiva, ambiental e identitaria en su modelo de integración.

La crisis social, económica y política que afectó a la región principalmente entre 1998/2002 puso al descubierto las limitaciones y el agotamiento de aquel modelo de desarrollo a nivel de los Estados Parte, debilitando también al MERCOSUR y a las capacidades de los Estados -encargados de llevar adelante los procesos de integración regional- que dejaron de operar con la lógica mercantilista y burocrática hacia sus instituciones.

La “nueva cuestión social [2]” se plasmó con mayor virulencia, arrojando altos niveles de inequidad, pobreza, desempleo y exclusión social en varios países de la región. A este proceso se sumaron transformaciones y cambios en las coyunturas regionales, identificando nuevos segmentos de la población – denominados “nuevos pobres” – individuos y familias que se constituyeron en los principales destinatarios de las políticas sociales asistencialistas y focalizadas. De esta manera se profundizó aún más la desigualdad en la región afectando severamente los niveles de cohesión, equidad e integración social en los Estados de la región.

Por tanto, en el presente contexto para el MERCOSUR los desafíos son muy amplios, con una proporción de la población – y pese a todas las medidas tomadas – aún ausente de los beneficios del esquema actual de intercambio comercial ampliado y en la búsqueda de conciliar una integración con objetivos más amplios de sus políticas. El escenario regional planteado supone al MERCOSUR -y a sus Estados asociados- la necesidad de otorgarle un nuevo sentido a la coordinación de esfuerzos regionales, profundizando el proceso de integración y las líneas de convergencia en políticas públicas regionales. La reconceptualización de los grandes objetivos centrales en cuanto generan mayores niveles de bienestar y “desarrollo [3]”, determinará el desenvolvimiento de las sociedades que se relacionan dentro del espacio geográfico compartido en el Cono Sur de las Américas.

Concebir al MERCOSUR es repensarlo en el marco de un proyecto político-estratégico, que incluye tanto aspectos de integración económico-social como aquellos que implican seguir valorando las políticas sociales con perspectiva regional, a los efectos de ir superando el enfoque utilitarista y economicista del bienestar.

La relevancia y entendimiento de la Dimensión Social en el proceso de integración regional, supone concebir las políticas sociales no como compensatorias y subsidiarias del crecimiento económico sino asumir que todas las políticas públicas conforman una estrategia de desarrollo humano. En consecuencia tanto hay condiciones económicas para el desarrollo social como condiciones sociales para el desarrollo económico. Es necesario no perder de vista que todas estas acciones serán en vano si no conducen a generar acciones concretas que faciliten el acceso, apropiación y ejercicio de una ciudadanía plena de los pueblos de la región. Esta concepción nos ubica ante el principio irrenunciable de dotar a la integración regional de su dimensión ética, ámbito esencial si queremos concebir y desarrollar una integración plena y socialmente justa. Por otra parte, las problemáticas sociales han de asumirse con toda su complejidad, y procurando completar la integralidad en la respuesta a los problemas existentes. Sobre este fundamento el MERCOSUR hace alusión a la Dimensión Social desde una perspectiva de intervención social necesariamente articulada, “pues la verdadera dimensión de una política social toma en cuenta todos los campos de la realidad, en sus aspectos económicos, sociales, políticos y culturales [4].

Conformación del MERCOSUR
[1] El Bloque regional MERCOSUR está conformado por los Estados Parte: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

Cuestión Social
[2] “La cuestión social es una aporía fundamental en la cual una sociedad experimenta el enigma de su cohesión y trata de conjurar el riego de su fractura. Es un desafío que interroga, pone en cuestión la capacidad de una sociedad para existir como conjunto vinculado por relaciones de interdependencia” en CASTEL, Robert: “La metamorfosis de la cuestión social”. Buenos Aires 1997.

Amartya Sen
[3] Para Amartya Sen (2000), autor en el cual se inspiran las concepciones actuales de desarrollo social y que elaboró las bases conceptuales para una noción de “desarrollo con libertades”, una concepción adecuada de desarrollo debe ir más allá de la acumulación de riqueza y del crecimiento económico. En su concepción, el desenvolvimiento implica la ampliación de las libertades necesarias para que los sujetos puedan tomar decisiones al respecto de sus vidas y, por lo tanto requiere del incremento de las capacidades individuales, que estás relacionadas a la ampliación de las decisiones y oportunidades disponibles para cada individuo. De esta manera, para promover el desarrollo, sería preciso eliminar las principales fuentes de privación de la libertad: pobreza, falta de oportunidades económicas y la eliminación de la negligencia sistemática e intolerancia de los servicios públicos. SECCION BRASIL en “La Dimensión Social del MERCOSUR”, Reunión de Ministros y Autoridades de Desarrollo Social del MERCOSUR y Estados Asociados, Junio 2006.

XIII Reunión de Ministros y Autoridades
[4] XIII Reunión de Ministros y Autoridades de desarrollo social del MERCOSUR y Estados Asociados. Acta Nº 02/07, Anexo 5, Montevideo 23 de Noviembre de 2007.





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